X
!

Todos los viernes permanecerá abierta la Capilla de 19:00 a 21:30 horas. El rezo del Santo Rosario se realizará a las 20:15 horas. Te esperamos.

‘Herrores’ en misa

Home  /  Actualidad  /  Current Page

A continuación os reproducimos el artículo realizado por d. Rafael Pérez Becerra para el boletín anual de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su Entrada Triunfal en Jerusalén y Nuestra Señora de la Palma.

‘Herrores’ en misa

Léelo, no pases la página

Enmarcado este artículo dentro de la línea editorial de esta publicación, en la que se intenta dar una visión de la importancia de la formación; es un buen momento en el que poder observar algunos defectos que comúnmente cometemos durante la celebración de la Santa Misa; y que por costumbre, por falta de formación o deformación de aquellos conocimientos que ya aprendimos, hemos llegado en un momento u otro.

Debido a su extensión, dividiremos en dos capítulos este apartado; este año lo dedicaremos a la parte que atañe al pueblo o asamblea y en el siguiente a la que pertenece al ministro o sacerdote.

La liturgia de la Santa Misa o Eucaristía que nosotros celebramos en la actualidad está normalizada por el rito romano, uno de tantos ritos que posee la riqueza de la liturgia católica. Las dimensión de catolicidad o universalidad de este rito, hace que por su importancia deba realizarse en correcto orden, así en cualquier parte del mundo se desarrolle en iguales normas; es decir, la misa en Marchena debe ser igual a una que se celebre en Nueva York, Alemania o en cualquier otro lugar.

Ésta es una breve relación sin ánimo de ser exhaustivos de aquellos errores o costumbres más comunes cometidos durante la celebración eucarística que no se ajustan a las normas litúrgicas con el único ánimo de ayudar a corregirlos en lo posible teniendo presente que lo más importante en la Eucaristía es, como no puede ser de otro modo, la participación en ella con un corazón devoto y fraterno (No vamos a “ESCUCHAR” misa sino a “CELEBRAR” misa) y que los errores citados no son de bulto ni anulan por supuesto la validez del acto sacramental. No obstante no deben menospreciarse las normas litúrgicas ya que toda la liturgia está llena de símbolos y significados que si se pierden, convertirían la acción litúrgica en pura escenografía.

POR PARTE DE LOS FIELES, se cometen algunos de los siguientes errores.

Incorrecto: Leer la Monición inicial antes de entrar el celebrante al presbiterio o durante la procesión inicial.

Primera

Correcto: El momento adecuado de pronunciarla es tras el saludo inicial del presidente a la Asamblea.

Hay muchas cuestiones que manifiestan una deficiente comprensión de la dignidad que se ha de dar precisamente a la Palabra de Dios. No se debería consentir proclamar las lecturas a quienes, incluso con muy buena intención carecen de las cualidades propias para ello.

Incorrecto: Es corriente que algunos lectores poco o mal preparados, comiencen diciendo: “Primera o Segunda Lectura” cuando lo correcto es pasar directamente a enunciar de quién está tomada la lectura sin más (Ej. Lectura de la I Carta de San Pablo…). Del mismo modo es incorrecto decir “salmo responsorial” sino lo correcto es pasar directamente a la lectura de los salmos. Igualmente la repetición del salmo es exclusiva de la asamblea y no del lector, que debe permanecer en silencio mientras el resto lo repite. De igual forma se recurre a decir al término de las lecturas: (incorrecto) “Es palabra de Dios” cuando se debe enunciar (correcto) “Palabra de Dios” (también el sacerdote lo hace a veces); poco a poco, parece que ha de ser enriquecido para ser más original, llegando a escucharse en alguna ocasión: (incorrecto) “Hermanos, esto que hemos escuchado es Palabra de Dios”. La razón por la que se dice solamente “Palabra de Dios” es porque es una aclamación; no se trata de informar a los fieles (éstos ya saben que lo leído es Palabra de Dios). Pero en ello, como en todo, la principal responsabilidad es de los sacerdotes que no enseñan ni corrigen.

Segunda

Al hacer la señal de la cruz al comienzo de la lectura del evangelio, se debe realizar (correcto) una sobre la frente, otra sobre boca y la última sobre el pecho. Generalmente se hace una señal de la cruz más (de frente a pecho y de hombro a hombro), que se debe omitir, pues es incorrecto.

Omitir la reverencia o hacérsela al sacerdote en vez de al altar cuando suben a realizar alguna lectura o para la Oración de los fieles (incorrecto). Lo correcto, por ello si el sagrario del templo (donde se halla la reserva del Santísimo) se encuentra situado en el altar mayor, el lector (o cualquier persona que cruce por delante del mismo) para acceder al ambón debe realizar genuflexión simple (doblar la rodilla e inclinación de cabeza), sin embargo si el sagrario se encontrase en una capilla lateral sólo se hará inclinación de cabeza al pasar por delante del altar y por consiguiente, no al sacerdote.tercera

-Incorrecto: Permanecer sentados durante la oración sobre las ofrendas, cuando debemos estar en pie (correcto). Tras el sacerdote formular las siguientes palabras: «Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro sea agradable a Dios, Padre todopoderoso» y la asamblea responder: «El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia»; la asamblea debe ponerse en pie. Es el momento más importante de esa parte de la Misa y todas las oraciones de la Misa se deben oír y responder de pie, que es la actitud propia del orante y del pueblo en marcha y dispuesto. La costumbre de oír sentados esta oración está generalizada y es de difícil desarraigo. Por ejemplo, al enunciar el sacerdote las palabras: “Levantemos el corazón” no nos indica que nos levantemos de la banca, porque en este momento y como vimos antes, ya se debe estar levantado.

-Incorrecto: permanecer de pie durante el momento de la consagración, cuando se debe estar de rodillas (correcto), (aunque por razones de edad, incomodidad del lugar, masificación u otras causas se puede permanecer de pie). El pueblo debe ponerse de rodillas en el momento que el sacerdote extiende las manos sobre el pan y vino, y no antes  (es precisamente en ese instante cuando ha de tocarse la campanilla avisando a los fieles).

cuarta

En cualquier caso la Iglesia nos pide una actitud y postura común como símbolo de unanimidad; sobre todo en el momento donde Dios mismo se hace presente. La costumbre de no arrodillarse muestra la ignorancia sobre lo que está sucediendo en el altar, y el desconocimiento de la forma correcta de comportarse ante Dios. Es un signo de falta de fe. Las normas litúrgicas dicen que los fieles estarán de rodillas, al menos en el momento de la consagración.  Pero quienes no puedan arrodillarse que hagan una inclinación profunda.

Quinta

Son para pensar estas palabras de J. Ratzinger: «Quién participe en la Eucaristía, orando con fe, tiene que sentirse profundamente conmovido en el instante en el que el Señor desciende y transforma el pan y el vino, de tal manera que se convierten en su Cuerpo y en su Sangre. Ante este acontecimiento, no cabe otra reacción posible que la de caer de rodillas y adorarlo. La consagración es el momento de la gran acción de Dios en el mundo, por nosotros» (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, Madrid 2001, p. 237.). El instante de elevación de la Sagrada Forma, es momento de adoración, por ello debemos observarla bien, elevando nuestros ojos hacia ella, en acto de verdadero fervor.

Otro símbolo a tener en cuenta es aquel en el que inclinamos la cabeza al nombrar los nombres de la Virgen Stma. y de Jesucristo, por ejemplo en el credo y en el gloria.

Incorrecto: Recitar junto con el sacerdote la doxología final que cierra la Plegaria eucarística, que es: “Por Cristo, con Él y en Él, etc.”. Lo correcto: El pueblo NO puede hacerlo junto con el sacerdote, pues es una oración que debe realizarla él solo. La asamblea debe limitarse a responder AMÉN como rúbrica y asentimiento de todo lo anterior. Éste no es un AMÉN corriente sino un AMÉN de compromiso, de afirmación, que ratifica por el pueblo lo sucedido en el altar.

Penúltima

Incorrecto: Leer las peticiones desde el ambón. El ambón está reservado a la Palabra de Dios y ni la homilía ni la Oración de los Fieles es Palabra de Dios. Lo correcto: Se puede hacer desde allí siempre que no haya otro lugar adecuado ya que aunque no es su sitio preferente tampoco se excluye taxativamente.

Correcto: Cuando se comulga en la mano la Sagrada Forma se ha recibir con la palma de la mano izquierda abierta y cogerla con la derecha para llevarla a la boca. Lo incorrecto es tomarla directamente de manos del sacerdote. El símbolo consiste en que es un don que se recibe. Sin embargo es preferible tomar la sagrada comunión de rodillas y en la boca. En su defecto, en la boca de manos del sacerdote.

Última

Correcto: Para finalizar diremos que en la procesión de las ofrendas se deberían  llevar al altar sólo objetos que sean donaciones para el servicio del mismo o regalos para los pobres (por ejemplo el resultado de la cuestación hecha entre los fieles o flores) aunque (incorrecto) se ha puesto de moda llevar al altar todo tipo de objetos, lo cual puede justificarse pastoralmente pero sin abusos. Lo primero que debe llevarse siempre es el Pan y el Vino. Tampoco conviene hacer ofrendas en número excesivo y resaltar indebidamente y de forma exagerada, un rito que por su naturaleza debe ser breve y sobrio.

Concluimos con unas palabras del Papa Juan Pablo II de su última Encíclica Ecclesia de Eucharistia:

«Por desgracia, una cierta reacción al «formalismo» ha llevado a algunos, especialmente en ciertas regiones, a considerar como no obligatorias las «formas» adoptadas por la gran tradición litúrgica de la Iglesia y su Magisterio, y a introducir innovaciones no autorizadas y con frecuencia del todo inconvenientes.

Por tanto, siento el deber de hacer una acuciante llamada de atención para que se observen con gran fidelidad las normas litúrgicas en la celebración eucarística. Son una expresión concreta de la auténtica eclesialidad de la Eucaristía; éste es su sentido más profundo. La liturgia nunca es propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios… A nadie le está permitido infravalorar el Misterio confiado a nuestras manos: éste es demasiado grande para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal. (Ecclesia de Eucharistia, n. 52, Juan Pablo II)

 

Curso de liturgia, capítulo 46. Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 


Colaboradores